sábado, 15 de agosto de 2009

Un paseo por la Medina (III). La casa del Mufti y el Baño de la Mezquita.


Dejamos atrás el Patio de Machuca y bordeamos el Palacio Imperial con sus trazas manieristas para llegar a la calle Real. Este era el eje vertebrador de la ciudadela alhambreña, de su trazado original distinto al actual se pueden observar algunos vestigios visitando el Museo de la Alhambra en la planta baja del Palacio de Carlos V. Estos aparecieron bajo el suelo del edificio en una restauración.
Palacios, edificios administrativos, baños, casas particulares y talleres se distribuían a lo largo de esta vía que iba desde la puerta del Vino hasta lo que hoy es Parador Nacional de San Francisco. Muy pocas de estas construcciones han llegado a nuestros días, la construcción de los edificios de carácter público y la necesidad de espacios amplios supusieron su desaparición. Una de ellas, de la que se recupero la planta hacia 1925, es la llamada casa del Mufti la cual debió ser más bien un pequeño palacio. El Mufti era un experto conocedor del Corán y las tradiciones, ejercía como ayudante del cadí o juez. Situada al Sur de Carlos V, podemos ver los muros recuperados hasta media altura los cuales nos dan una idea de su trazado claramente nazarí. Podremos observar el patio central con alberca, el arranque de los pilares sobre los que se abrían arcadas en uno de los lados menores de este y alrededor las distintas habitaciones de la casa. Sus dimensiones, nada modestas para la época, hacen creer que debió ser la vivienda de alguna familia de la nobleza o bien situada de ahí que se le haya dado el nombre de este funcionario.


Subimos la Calle Real hasta la herreriana iglesia de Santa María de la Encarnación, construida en el solar de la mezquita real, junto a la que se conserva el baño que servía a dicho edificio. Este forma parte de la conocida como casa del Polinario, hoy convertida en museo del guitarrista granadino Ángel Barrios hijo de Antonio Barrios el Polinario. Los baños árabes cumplían varias misiones, por un lado la limpieza corporal y espiritual, imprescindible para acceder al recinto de la oración. Por otro al ser propiedad de las mezquitas en muchas ocasiones, como el que nos ocupa, lo recaudado por su uso ayudaba al mantenimiento de estas. Su distribución la toman los árabes de las termas romanas, con las distintas salas de agua caliente, templada y fría. No profundizaremos más en su estructura pues lo dejamos para el momento en el que visitemos el Bañuelo, uno de los mejores exponentes de este tipo de edificios. Centrándonos en el que nos ocupa, accederemos a un pequeño patio junto al que se encuentra la caldera para calentar el agua. Pasaremos después a la primera sala, la caliente, la cual se cubre con bóveda de ladrillo en la que se abren pequeñas claraboyas con forma estrellada para la iluminación. A los lados de la sala se abren con dobles arcos de ladrillo sobre columnas habitaciones laterales, llamadas alanías, espacio dedicado a las bañeras. Las siguientes salas serán para el agua templada y fría, de idénticas características. Finalmente se accede a través de un pasillo en recodo a una sala con una alta linterna cuadrada en la que se abren dieciséis ventanillas, aquí se han conservado algunos restos de yeserías. Adosada al baño existe una casa nazarí a la que no se puede acceder habitualmente, queda para otra ocasión el conocerla, formando todo ello un complejo dependiente de la mezquita. Son pocos los visitantes que reparan en que este baño es de libre acceso y pasan de largo, sirvan estas líneas para descubrir otro rincón alhambreño.

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